España tiene mariposas en peligro y casi nadie lo sabe

España es uno de los países con mayor diversidad de lepidópteros de toda Europa. Más de doscientas especies de mariposas diurnas viven o han vivido en su territorio, distribuidas entre los Pirineos, la meseta, la costa mediterránea y los sistemas montañosos del sur. Eso no es un dato menor. Es, de hecho, una de las razones por las que lo que está pasando con algunas de esas especies merece más atención de la que recibe.

España tiene mariposas en peligro y casi nadie lo sabe

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico mantiene el Catálogo Español de Especies Amenazadas, una lista oficial que clasifica fauna y flora según su nivel de riesgo. En ese catálogo hay mariposas. No muchas, comparado con mamíferos o aves, pero están. Y el criterio para entrar no es subjetivo — hay metodología detrás, seguimiento poblacional, evaluaciones periódicas.

Las que aparecen en los catálogos

Dos especies concentran la mayor parte de la documentación disponible en España y también la mayor parte de las medidas de protección activas. No son las únicas, pero son las más estudiadas y las que mejor ilustran el tipo de problema al que nos enfrentamos.

Parnassius apollo

La Parnassius apollo es una mariposa grande, blanca con manchas rojas en las alas posteriores, que vive en zonas de montaña por encima de los 1.000 metros. En España habita en los Pirineos, el Sistema Ibérico y algunas sierras del centro peninsular. Es una especie que figura en el Anexo IV de la Directiva Hábitats de la Unión Europea, lo que obliga a los estados miembros a garantizar su protección estricta, y también está incluida en el catálogo nacional como especie vulnerable en varias comunidades autónomas.

El problema de la Parnassius apollo es en parte geográfico: vive en cimas. Las poblaciones de montaña están fragmentadas por naturaleza, separadas entre sí por valles y altitudes intermedias donde la especie no puede sobrevivir. Cuando una población local desaparece, la recolonización natural desde otra cumbre es difícil o directamente imposible. A eso se le suma que su planta hospedadora principal, las Sedum y Sempervivum, depende de condiciones de suelo muy específicas que el sobrepastoreo o la gestión inadecuada del territorio pueden alterar con relativa facilidad.

Euphydryas aurinia

La Euphydryas aurinia tiene una distribución más amplia en el papel —está presente en buena parte de Europa— pero eso no significa que le vaya bien. En el continente sus poblaciones han disminuido de forma consistente durante las últimas décadas, y España no es una excepción. Figura en el Anexo II de la Directiva Hábitats, que obliga a designar zonas de conservación especiales para la especie.

España tiene mariposas en peligro y casi nadie lo sabe

Su ciclo de vida la hace especialmente sensible a los cambios en el uso del suelo. Las larvas son gregarias (lo que significa que viven en grupo durante la fase juvenil, algo que no es lo habitual en lepidópteros) y dependen de plantas concretas del género Succisa y Scabiosa. Si esa vegetación desaparece de una zona porque el prado se convierte en cultivo o se abandona y el matorral lo invade, la población local no tiene margen de adaptación.

Por qué están donde están

Las causas del declive de estas y otras especies no son misteriosas. Son las mismas que afectan a la biodiversidad en general, aplicadas al caso concreto de unos insectos con requerimientos de hábitat muy precisos. La verdad es que las mariposas son buenos indicadores del estado de un ecosistema precisamente porque son exigentes: si el hábitat cambia aunque sea un poco, ellas lo acusan antes que otros grupos.

Los factores que más se repiten en la literatura técnica disponible son estos:

  • Pérdida y fragmentación del hábitat — conversión de prados y matorrales en zonas agrícolas intensivas o urbanas.
  • Abandono rural — paradójicamente, dejar de gestionar ciertos paisajes también perjudica a especies que dependen de vegetación baja y abierta. El matorral denso no les sirve.
  • Uso de pesticidas — tanto por efecto directo sobre los adultos como por eliminación de las plantas hospedadoras de las larvas.
  • Cambio climático — especialmente crítico para especies de montaña como la Parnassius apollo, que no tienen a dónde subir cuando las temperaturas aumentan.
  • Coleccionismo ilegal — históricamente relevante para Parnassius apollo en particular, aunque hoy tiene un peso menor comparado con los factores anteriores.

Hay algo en esta lista que vale la pena señalar: algunos de estos factores se contradicen entre sí en términos de política de gestión. La intensificación agrícola y el abandono rural son procesos opuestos, y sin embargo ambos perjudican a las mariposas. Eso complica bastante cualquier solución sencilla.

Lo que dice el marco legal

Además del Catálogo Español de Especies Amenazadas, la protección de estas mariposas se apoya en la Red Natura 2000, la red de espacios protegidos de la Unión Europea que en España cubre una parte significativa del territorio. Las zonas donde viven Euphydryas aurinia o Parnassius apollo deben ser consideradas en los planes de gestión de esos espacios. De hecho, la designación de un área como Zona de Especial Conservación implica la obligación de mantener o restaurar el estado favorable de las especies del Anexo II.

La Comisión Europea ha financiado proyectos LIFE específicamente orientados a lepidópteros amenazados en distintos países, incluida España. Estos proyectos combinan monitoreo de poblaciones, restauración de hábitat y trabajo con propietarios de tierras para ajustar las prácticas de uso del suelo. Los resultados son variables, lo cual no debería sorprender a nadie que haya trabajado alguna vez con sistemas biológicos complejos.

Lo que queda fuera del marco legal, y que es bastante, es el monitoreo sistemático a escala nacional. España no tiene un programa de seguimiento de mariposas con la continuidad y cobertura que tienen países como Reino Unido o Países Bajos. Hay iniciativas regionales, proyectos puntuales y mucha ciencia ciudadana —la plataforma iNaturalist acumula miles de registros de lepidópteros ibéricos aportados por aficionados— pero la visión de conjunto sigue siendo parcial. Y sin datos continuos, es difícil saber si las medidas de protección están funcionando o no.

Hay otras especies que podrían mencionarse aquí: la Zerynthia rumina, endémica de la Península Ibérica y el sur de Francia, o varias especies del género Phengaris con poblaciones muy localizadas en el norte peninsular. El catálogo no es estático — las evaluaciones se actualizan y las categorías de amenaza cambian. Lo que es estático, de momento, es el ritmo con el que los hábitats que necesitan estas especies siguen transformándose.

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