La polilla Atlas (Attacus atlas) es uno de los insectos más grandes del planeta. Tiene una envergadura que puede superar los 25 centímetros, alas de un rojo cobrizo con manchas blancas y puntas que imitan la cabeza de una serpiente. Y cuando sale de su capullo, ya no tiene boca funcional. La verdad es que no la necesita.
Esto no es una anomalía rara de una especie excéntrica. Es una estrategia evolutiva compartida por cientos de polillas de la familia Saturniidae —las llamadas «polillas de seda gigantes»— y también por algunas de la familia Lasiocampidae. Ninguna de ellas come durante su etapa adulta. Ninguna. De hecho, muchas ni siquiera tienen el aparato digestivo formado.
